lunes, 20 de octubre de 2008

Un hombre del pueblo de Neguá,
en la costa de Colombia,
pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó.
Dijo que había contemplado,
desde allá arriba,
la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
El mundo es eso - reveló –
Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz
propia entre todas las demás.
No hay dos fuego iguales.
Hay fuegos grandes y fuegos chicos
y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno,
que ni se entera del viento,
y gente de fuego loco
que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos,
no alumbran ni queman;
pero otros arden la vida

con tantas ganas que no se puede mirarlos sin

parpadear, y quien se acerca, se enciende.

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